Pon un diseñador en tu vida

Me encanta la visión que tienen mis amigos –de profesión diseñadores- acerca de un objeto. Y ya por esto les admiro más. Donde tú ves un utensilio funcional que sirve para lo que sirve según lo define el diccionario, ellos ven infinitas posibilidades extras. Lo que tú defines como práctico y de uso cotidiano, una silla o asiento, ellos te miran raro y le dan una vuelta de tuerca, para describirte mil variantes de espacios para los que está diseñada la silla en cuestión, remontarse al gran universo de formatos que ha habido precedentemente, citando fechas y fuentes, a quién va dirigida y mil calificativos de confort, bienestar, innovación, sinónimo de simplificar tu vida… Donde ellos ven continente, tú ves contenido. De pequeña jugábamos a dar diferentes usos a un objeto, aparte de lo divertido que resulta, todavía hoy lo hacemos. No sé si como alternativa al aburrimiento, posible vocación olvidada por el camino o porque hay que innovar con todo lo posible. Un objeto es más guay si le das otra utilidad. Sin duda, acabará llamando la atención del chico curioso, se venderán más unidades, se cotizará a niveles insospechados y dará de qué hablar. Todos querrán uno en sus vidas. Lo vemos mucho en nuevos bares y locales alternativos, con decoraciones minimalistas o lo más “tuneadas” posible si cabe. Un tenedor como decoración en las paredes de un restaurante es todo una metáfora, unas pinzas para sujetar un cuadro, una silla que es a su vez lámpara, un banco con una escultura incorporada, una marquesina que echa humo, una cinta de música como funda para el móvil, una rueda de neumático convertida en bolso, unas gafas como colgante, etc, etc. Y así parece que el objeto se revaloriza, se hace tendencia y nace de nuevo. De siempre me ha encantado uno, por sus formas y colores, por sus curvas redondeadas que me recuerda a los cuentos infantiles, como si fuera a echar a correr de un momento a otro, o porque simplemente no encuentro explicación al porqué le tengo especial cariño/admiración. Hay cosas sobre las que es mejor no preguntar. De hecho, alguien me lo mandó una vez en paquete de regalo a mi casa. Sabía de mi pasión, claro, pero aún así mi cara fue de asombro… y al poco de alegría. Y empecé a buscar el mejor lugar de la casa para ubicarla. Ahora cuento solo con una, de color amarillo. Porque para una que no vive en su casa, las mudanzas son las que te hacen dejar, olvidar o forzarte a abandonar cosas. Y así se han ido perdiendo algunas de ellas. Hablo de las regaderas. Pero del diseño antiguo, no de las versiones más chics de este recipiente que están saliendo en el mercado. No las uso precisamente para alimentar las pocas plantas que tengo, solo porque me parecen muy decorativas y me gustan. Y esta vida hay que regarla con humor, ganas, improvisación y humildad.

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4 comentarios en “Pon un diseñador en tu vida

  1. Siempre me he preguntado porque será que “estar como una regadera” viene a ser algo así como algún grado de locura o demencia. ¿Alguien tiene idea?. Por cierto, ¿has “tuneado” ya tu regadera?

  2. Sabes que soy más de puro minimalismo… No he conseguido meter en el texto la frase, pero equivale a “tener la cabeza llena de agujeros” (por donde se escapa cualquier atisbo de pensamiento…) Bonito donde los haya

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