Corral de Comedias

Vivo en una Corrala… y si castizo equivale a puro y auténtico, aquí tengo su mejor ejemplo. Definidas “refugio de inmigrantes y gente mayor. Más que un lugar para vivir, es un mundo de relaciones de estrechos y limitados lazos más allá del parentesco, donde los hijos de uno son un poco los hijos de todos”. Yo no me siento para nada “acorralada” en este refugio, y me quedo con la segunda parte de la cita.

Cada vivienda es única, una verdadera joya para coleccionistas. Visitar una es adentrarse en los rodajes de una película. Aquí todo es más social, intenso y divertido, a la vez que multicultural, intercultural y generacional. La convivencia que se respira en este escenario no tiene nada que ver con una comunidad de vecinos habitual. Se comparte también más y mejor, desde el patio a las cuerdas y pinzas, el pasillo o las sábanas, que son las vidas de cada uno. Es convivir con una gran familia, con sus pros y contras.

Desde bien pronto el patio empieza la función: primero un despertador y de ahí un sinfín de ruidos, saludos, niños con prisas, timbres, la radio sube de volumen, se oye el telediario, el olor a café se filtra bajo las puertas, el butanero viene para quedarse, la madre recoge la ropa, aquella saca a ventilar las alfombras… A mediodía, la misma cantinela. Mis vecinos vuelven con el pan, es como pasear por la plaza central del pueblo, las mismas caras de por la mañana algo más despiertas y bromistas, las horas punta de entrada y salida, la señora con el correo que sube bolsas, quien tira las llaves desde el segundo piso, el presidente que reparte las normas de convivencia o el de al lado que sigue sin abrebotellas pero te lo devuelve en un rato. Por la noche, el olor del mundo se comparte con los vecinos a través de diferentes especialidades gastronómicas, el vecino del bajo sale a tender la ropa cual protagonista de Lost a torso desnudo, las mamás aparcan el carrito fuera, la niña juega con su muñeca y te dedica una tímida sonrisa, el gato maúlla, comienza la lección de lengua y alguien te cuenta el porqué de mover los muebles a media tarde, hay que hacer limpieza o nos comen los trastos.

Por supuesto que tus amigos, desde que vives aquí, prefieren esperarte fuera y ver la luna llena desde dentro. Porque de estos rincones se sabe que en Madrid hay unos 400, vinculados sobre todo a Lavapiés. Para una que, como yo, presume de la vida en una corrala, tengo que decir que es un privilegio vivir en este barrio.

Si os queda de paso o sentís curiosidad por visitar una, la más famosa es la de calle Mesón de Paredes, esquina Sombrerete y Tribulete, que resiste desde 1889. Antonello sigue con la idea de grabar aquí uno de sus cortos y cambiar el ritmo diario. Sé que el día menos pensado se presenta con su cámara. Los protagonistas ya están avisados, han ensayado y tienen el guión más que aprendido. 

lavapiés


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5 comentarios en “Corral de Comedias

  1. Me has traido a la memoria cuando yo también viví en un auténtico Corral de Comedias. Además,el nombre de la calle no podía ser más propicio:Calle Los artistas. Allí estábamos todos los personajes que pareciamos sacados de una obra de Lope de Vega; estaba el criado,el galán,el gracioso,el pícaro,la dama,el villano…
    Amor,celos,honor,enfrentamientos duales,triángulos amorosos,todo era posible,todo cabía en nuestra corrala.Y es que,sin ser conscientes,todos eramos partícipes de nuestra propia obra de teatro titulada Vida.
    En definitiva,todos tenemos un papel que desempeñar.

  2. De acuerdísimo Mena. Aquí compartes un poco las historias de todos e interpretas como puedes. Te espero para un café la próxima semana y te subo a la azotea

  3. No puedo sentirme más identificada con tu relato querida sorella, ya que yo misma tb formo parte de ese escenario mundano que es la corrala. Que desde que me mudé a ese rinconcito de Lavapiés mi vida ha sido otra y mi percepción de Madrid también.
    Gracias por estar ahí en todos los momentos, aguantarme en mi mal humor matutino, mis periodos “críticos” y las visitas inesperadas, dejarme “tunear” un poquito nuestro hogar y alegrarme el día a día con tus historias mínimas.
    Ti voglio bene!!!!

  4. Si es que parece que os tengo comprados, pero no, lo hacéis de corazón. Celebramos pronto mis 4 años en la capital con todos aquellos que me han hecho ser mejor persona y que son hoy los espectadores de mis historias mínimas 🙂

  5. La Corrala de Mesón de Paredes.

    Avapiés, sin ele, era un barrio que en verano olía a churros, fritanga, patatas fritas y gallinejas que era los delicatessen de aquella época. Lo recuerdo muy bien pues mi abuelo Andrés, algunas tardes de estío, después de atusarse adecuadamente y de peinarme una raya milimétrica, a veces tardaba más de diez minutos, me decía…”Venga Ñaco que llegamos tarde a la Corrala”.

    Para mí, ir a la corrala significaba una tarde muy interesante. No entendía mucho, apenas tenía cinco años, pero la posibilidad de poder merendar una bolsa repleta de estas delicadezas, todo ello regado con una gaseosa “La Revoltosa” y sentado en la Corrala, frente a la puerta principal del Circo Chino de Manolita Chen, esperando la salida de mi abuelo, era una auténtica gozada.

    Alló estábamos sentados, en unas banquetas de madera, El Gordo, El Napias, La Luisi y el Ñaco, a la espera de que terminara la función que comenzaba puntualmente a las 7 de la tarde con una temperatura de 37 aprox. que subía poco a poco según nos comíamos las patatas, gallonejas, entresijos y churros todo mezclado…eso si que era desconstrucción y no lo que propone Ferrá Adriá.

    Bien…pues de ese Circo que mucho tiene que ver con el de Alex de la Iglesia, aparecían de vez en cuando las vedettes a fumarse un “liado”, el enano chino NIN, en el barrio decían que era un superdotado, a tomarse un trago del porrón y…la propia Manolita, ante la “locura” del respetable asomado a la Corrala y de otros muchos que sin entradas, estaban “ojo avizor” a las plumas de la charibari que muy coqueta se agachaba para atarse los botines…aquello era el “recopetín”.

    Este “mejunje de pasiones” se veía aderezado por una polvareda que salía del interior de circo, con un calor sin igual y por el cruce de perfumes a fritanga, loción Floyd, tabaco de liar y sobre todo de la Tabacalera de Embajadores.

    Sabíamos que el fin estaba al llegar cuando se oían el redoblar de tamboriles de una marcheta irreconocible, a ritmo de pasodoble, y el griterio descomunal de los asistente cuando Manolita Chen, nacida Manuel Saborido, hacía un destape integral. Al acercarse ese instante, los porteros del Circo se las tenían con la muchedumbre que intentaba entrar sin pagar para ver el número final.

    Comentar que este Circo fue el teatro portátil más famoso y longevo de todos cuantos existieron. Su nombre se debe a la mujer de su propietario, un integrante de la trouppe circense Che-Kiang denominado Chen Tse-Ping que contrajo matrimonio con una guapa madrileña, según cuentan después de asesinar a su mujer, pues se enamoró perdidamente de Manolita a quien agració con el nombre de su teatro.

    Para finalizar, cuando regresábamos a la calle Fray Luis de León, una vez cruzada la Ronda, yo le preguntaba a mi abuelo…¿Qué tal estuvo la sesión del Circo de Manolita? Mi abuelo Andrés siempre repetía lo mismo…¿A qué estaban ricas las frituras? Dando por cerrada cualquier explicación.

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