Títulos de crédito

Si me preguntan cuáles son las películas, libros o grupos musicales con los que me identifico o me han marcado especialmente, he de decir que me toca improvisar, porque según voy leyendo o viendo nuevas cosas, mis gustos van cambiando y se amplían continuamente. Lo noto cuando viajo y quiero conocer previamente el destino que voy a visitar. Hay países y ciudades que asocio de antemano a temas musicales, libros o películas. Los imagino así y hacen que sean aún mejores de explorar.

No he tenido aún ocasión de visitar México, pero me veo paseando por D.F. con Café Tacvba mientras recorremos las calles donde sucedían las persecuciones en Amores Perros (2000). A La Habana me acompañaron fervorosamente los Orishas (=dioses) con sus sonrisas y sones caribeños, Vinícius de Moraes inspiró nuestros días por las calles de Río de Janeiro, e Italia para mí suena a Ennio Morricone. El Berlín más Occidental que visité este verano, y que me fascinó, me lo imaginaba tal y como aparecía en Good Bye, Lenin! (2003) con los sonidos de Yann Tiersen de fondo. No dejo de viajar por Turquía cada vez que veo Contra la pared (2004) de Fatih Akin y me lleva a los olores y los sonidos puramente made in Istanbul. De la India grabé en la memoria imágenes de algunos fragmentos del libro de Elizabeth GilbertComer en Italia, rezar en India y amar en Indonesia (2009), en cartel hasta hace poco. Tokio me la imagino poco iluminada y silenciosa como en las noches de Lost in Traslation (2003) o recorriendo la novela también llevada a la gran pantalla Mapa de los sonidos de Tokio, escrita por la directora Isabel Coixet. Roma, en cambio, es pura belleza como derrochaba Anita Ekberg en La Dolce Vita (1960) o un viaje en Vespa acompañados por Nanni Moretti al puro estilo de Caro Diario (1993). Y Barcelona suena a Giulia y los Tellarini en Vicky Cristina Barcelona (2008).

 Hace poco me quedé sin viaje a esta ciudad por cuestiones ajenas, un destino donde nos acabaríamos perdiendo Laura y yo por las mismas calles que inspiraron a Woody Allen en su particular viaje a España, de la mano de dos jóvenes turistas americanas. No recuerdo cuál, una es “emocional y busca aventuras emocionantes”; la otra “no sabe lo que quiere a veces, solo sabe lo que no quiere”. En los viajes que he hecho en pareja -entendida ésta por novio, amiga o alguien cercano de la familia- casi siempre coinciden y se verifican estas dos características, en uno o en otro. El cineasta confesó en su día que Barcelona es “la mejor ciudad del mundo”. Quizá ya está cansado de Nueva York, aunque se inspirara en los mismos ambientes que en su Manhattan: le gustan los artistas e intelectuales, los tipos con un buen vino en la mano, los que saben lo que quieren, conducidos por bandas sonoras creadas expresamente para esa película, ciudad o personaje. Y es que las bandas sonoras son un plus para posicionarles mejor en el ranking de taquilla.

Este post pretendía ser un homenaje a Giulia y los Tellarini, -sin duda, me he desviado un poco del objetivo-. Ella italiana, ellos de la Ciudad Condal, se unieron y acabaron inspirando las historias de verano en Vicky Cristina Barcelona. Aconsejo escucharles. De ella me gustan su voz y el dominio del acordeón, y del grupo la buena sintonía que demuestran. Acabará siendo un poco la banda sonora de algún momento o viaje. Aunque soy de las que opinan que las ciudades son la gente que te rodea y que, en el fondo, la viven cada día contigo.

Con buena música de fondo, cualquier final tiene un mejor sabor de boca.

THE END

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