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Es tremendamente fácil atraer e impresionar al espectador. Tenemos la capacidad de admirar aquello que nos es nuevo a la vista, y si es mediante un objeto (estilo de vida) que convive diariamente en nuestras vidas (Coca-Cola), sinónimo de tradición, añoranza, felicidad y reencuentros, la curiosidad y el gusto se intensifican.

El diseño navega estos días por las calles de Salamanca. En grandes dosis se pierde entre el bullicio comercial, los empujones, los globos, los artistas de calle y los puestos “de bromas”, el ambiente festivo -por si quedan dudas, ya es Navidad- y se infiltra graciosamente a través de una muestra grandilocuente. Para muchos una pausa para olvidarse del frío bajo cero y la indecisión del regalo de última hora. Es la nueva propuesta de arte “callejero”: descontextualizar un objeto cotidiano y convertirlo en una original intervención urbana de grandes dimensiones, donde arte y vida se fusionan y conviven en un mismo lugar. Una táctica que, en este mundillo, suele funcionar: dotar un objeto de una nueva funcionalidad y alejarlo de su hábitat formal al que nos tiene acostumbrados: citemos neveras, cajas, máquinas de venta, lineal del supermercado, celebraciones y despedidas, encuentros informales, esperas en la estación. Ante nosotros se abre paso un universo maximizado, a la par que globalizado. Arte creativo y puro, según el estilo personal de ocho nombres de la alta costura: Amaya Arzuaga, David Delfín, Devota&Lomba, Juan Duyos, Francis Montesinos, Lydia Delgado, Miriam Ocáriz y Roberto Verino. 

La ciudad se viste de moda, y todo ello porque hay que celebrar los 25 añitos de la marca en cuestión, esta vez de su versión light. ¿Estamos seguros de que se trata de la más ligera y menos calórica? Vean y juzguen en primera persona. Las botellas se llenan de diseños variopintos, una gran paleta de colores y miles de motivos decorativos sobre los que todos desean opinar. La felicidad se destapa. Así, la marca ya citada, una de las más reconocidas y pronunciadas en el planeta, lo consigue una vez más: sutilmente nos adentra en su juego corporativo y estremece al espectador/consumidor potencial con su habitual estampa y venta navideña. El color rojo, bien conocido por hacer alusión a Santa Claus, Papá Noél o San Nicolás (llamémosle por su nombre al viejecito de la barba, al que un día despojaron de sus vestimentas verdes para convertirlo en icono mundial), nos traslada al período natalicio que, sin comerlo ni beberlo -no obstante, con esta última pretensión-, ya está en la mesa y boca de todos. Buen Fin de Año.

Coca-Cola

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