República Popular de China

No tengo nada en contra de la cultura china, de hecho es uno de mis destinos a corto plazo. Visitaré pronto este país y llegaré con tanta información que quizás no haya espacio suficiente en este blog.

En Lavapiés hay tantos maniquíes como chinos en todo Madrid. Acostumbrada a vivir rodeada de variopintos negocios regentados por chinos, mi camino al trabajo se hace más llevadero cuando paso por estas tiendas “fantasma”, donde se vende todo tipo de género.

Me llaman la atención algunos comercios, generalmente son de ropa, aunque también algunas peluquerías de nuevo diseño, con nombres un tanto absurdos: Just Man, Black Bat, Kelly Moda, Susurra, Giovanni, Fashion&Style, Vicente S.L.… y me pregunto si la traducción que figura en chino en los letreros -algunos ilegibles por el paso del tiempo- corresponde a la traducción literal. ¿Por qué esa fijación de italianizar todo? ¿A quién pretenden engañar? Si en el puerto de Nápoles existe el mayor mercado chino… Además, que no he escuchado nunca que un chino atienda por Giovanni o Daniele.

Cambiando de tema… Un amigo me mandó una vez un artículo sobre los maniquíes, de hecho se titulaba ¿De qué se ríen los maniquíes? Buscaré bien por casa para encontrar esta proeza literaria. No creo que precisamente la sonrisita artificial a la que nos tienen acostumbrados sea porque se tomen a guasa su forma de vestir Made in China, y por eso parezca que están siempre a punto de marcarse un baile, porque no se reconocerían al espejo a sí mismos.

Por no hablar de los maniquíes en pijama en medio de espacios desangelados. Hasta la ropa de cama les sienta bien a estos cuerpos esqueléticos, vestidos a medias muchas veces. Niños con esmoquin dos tallas más grandes o maniquíes en plena gestación dan su toque gracioso. Mi mirada se fija en estos escaparates, que apenas se renuevan con el paso de las estaciones. Cada tienda está decorada a su manera. Unas, hasta los topes de cajas y perchas, y otras siempre en aparente liquidación; eso sí, la mayor parte del tiempo, se ven vacías, con una “decoración” minimalista, poca iluminadas y silenciosas (Made in… Lavapiés).

Un día me gustó un vestidito de verano de una de estas tiendas y entré, por eso de hacer tiempo. Saludé un par de veces y estuve revolviendo entre burros hasta encontrar el vestido, que lo tenían por cierto en varias gamas de colores, pero que luego de cerca no resultaba nada del otro mundo. Al final, y como nadie salió a atenderme, me di la vuelta y me marché. Esto sí que era una tienda fantasma, podía haber salido con el vestido y venderlo a su competencia, aunque por el precio que señalaba era más bien un “cógelo y llévatelo ya”. Otra vez sí me atendió una chica joven, aunque con dificultades en el idioma, y a la tercera acertó con mi talla. El probador era un cuartito lleno de cajas donde difícilmente podía maniobrar. A la salida, me dijo que todo era venta al por mayor, tiempo que podía haberme ahorrado desde un principio, entre desvestirme y vestirme de nuevo, y me fui como llegué.

En cambio, en los almacenes de frutas y los nuevos Todo a 100 (quién los recuperara… por el precio, me refiero), el dependiente suele ser de estas características: chico de mediana edad, con mayores destrezas en el dominio de la lengua española, que ve películas chinas en una mini tele y, generalmente, sonriente.

Nunca veo el cierre del negocio de alimentación donde voy a comprar la fruta y esos “olvidos” de última hora, pero cuando mi frutero faltó dos días seguidos, me preocupé. Al tercer día, indiscreta de mí, le pregunté el porqué de tanta ausencia y, efectivamente, había sido un cierre por causas mayores. Tuvo que hacer un viaje relámpago a su país. Si es que les coges cariño por ser del barrio, les ves cada día, te saludan, ves crecer a sus hijos y saben hasta cuándo se va a terminar tu caja de leche, la cerveza cuando llegan invitados a cenar y tu pasión obsesiva por las manzanas.

(Me concedo la licencia de citar dos cositas muy generalizadas en la cultura china y que, particularmente, resultan tan desagradables: comer sin pudor mientras atienden al cliente y oir que escupen a mis espaldas.).

made in china

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