V de vinilo

Escribo mientras suena Sunday Morning de The Velvet Underground. Cosas pendientes: devolver una visita a Zaragoza y conocer la exposición temporal de la historia del vinilo.

Quien tenga cerca el Centro de Historia de Zaragoza, seguro que ya ha ido a conocer Alta Fidelidad, así se llama la muestra. Pero lo que te encuentras no es una exposición de vinilos, sino sobre vinilos. Y no los que usamos para decorar las ventanas por Navidad. Aquí se documenta la trayectoria de este dispositivo de reproducción musical, más allá de su apego histórico o su actual uso si lo asociamos a la música electrónica.

Recuerdo las colecciones de vinilos de mi padre apiladas en el armario de la minicadena, aquella que ocupaba medio salón a modo de gramola y que se ponía en movimiento en los festejos familiares. Todavía hoy funciona el tocadiscos, esos vinilos siguen animando nuestras celebraciones y decoran un rincón de la bodega tal como entonces.

Jugaba con los vinilos de pequeña, me encantaba usarlos en aquel tocadiscos mientras hacía mis deberes y programar el brazo de la aguja hacia delante y hacia atrás. Cuando terminaba la pista, se colocaba de nuevo en su posición inicial y se apagaba con un golpe seco. Esto sí que eran inventos, irrompibles y de larga vida, mucho más que algunos inventos de nueva generación -por demostrada experiencia- como móviles, MP3 o pen drive. Siempre los pierdo, acaban en manos ajenas o me dan fallo.

Aquellos vinilos se heredaban y mi abuelo los conservaba intactos. Quizás alguno ha ido a parar a manos de los coleccionistas que recorren el Rastro los domingos por la mañana (retomo a colación la canción de apertura) a la caza de estas reliquias, que nos gustan por su aspecto retro, colores y tipografía, y que siguen soltando notas para endulzar nuestros días. Los caprichos musicales se han reducido tanto hasta el punto de asistir a una celebración con nuestra propia play list a domicilio, creada previamente en el amigo Spotify.

Lo aparatosos que eran los walkman y discman, pero teníamos lo mejorcito del mercado, y si te lo prestaba tu hermana para ese viaje con tus compañeros, eran todo una reliquia en tus manos. Todavía conservo esa recopilación de música para los viajes en coche o momentos que reviven alguna de nuestras mejores épocas. Me cuesta desprenderme de esos recuerdos. Por ahora, Alta Fidelidad se mantiene hasta finales de mayo. Os dejo con Peppone y su conjunto.

Vinilo

Hasta el 8 de mayo de 2011
Centro de Historia de Zaragoza

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2 comentarios en “V de vinilo

  1. Dulcísimas palabras. Dulce caricia para las sensibilidades que añoramos tiempos pasados; no mejores que los actuales, pero a sí, a veces, más entrañables por lo que aún nos queda de ellos en el recuerdo de sus sonidos, vinilos de Janet o Aznavour; de sus olores; de sus imágenes en diapositiva proyectada contra la pared de tu casa familiar…
    Un beso Elen, y ¡gracias!

  2. hace no mucho que mis queridas psicolocas y una servidora hicimos uso del mítico tocadiscos, que aun sobrevive como reliquia del pasado en una bodega, pinchando los susodichos discos del abuelo

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