Una vez comenzada la función, no se permite el acceso a la sala

HOY, 26 de marzo, la noche es de los teatros. Si vives en Madrid, te recomiendo empezar la ruta desde la parada de metro Antón Martín y tomar después la calle de enfrente, dirección Filmoteca o Cines Doré. Aquí inicia un buen recorrido por el barrio de Lavapiés y sus pequeñas salas de teatro independiente, fuera de los itinerarios escénicos habituales. Estos espacios, muchos de reciente creación, se proponen como una alternativa donde hay cabida para la imaginación y la improvisación. Alejados del circuito convencional, apuestan por un teatro diferente gracias a nuevas compañías, colectivos e ideas emergentes.

Las calles perpendiculares a Santa Isabel te invitarán a perderte por las calles empinadas, donde los días claros y soleados se aprecia el horizonte de Madrid, las montañas y los barrios más alejados. Me encanta esta zona por sus antiguos comercios y el mercado, sobre todo esos oficios que perduran en el tiempo y siguen regentados por el mismo dueño de entonces. Los locales que dejaron de serlo, hoy se han convertido en cafeterías y restaurantes (me gusta La de Espronceda), tiendas de diseño, bazares, herbolarios, almacenes de frutas, tiendas de frutos secos, panaderías, librerías (visita obligada a La Fugitiva)…

Cito las salas que estoy descubriendo y disfrutando en estos dos años de vida en el barrio y que aconsejo conocer: Off Limits, Escuadra, 9; Sala Tis (Teatro Independiente Sur), Primavera, 11; Sala Mirador, Dr. Fourquet, 31; Sala Triángulo, De Zurita, 20; La Puerta Estrecha, Amparo, 94; La Escalera de Jacob, Lavapiés, 11; Teatro de Cámara Chejov, San Cosme y San Damián, 3.

Y así muchos más bares y teatros. Ahora podemos citar a “los grandes”, los que están más a la vista: el Centro Dramático Nacional Teatro Valle Inclán, en calle del Olivar 12; el Teatro Nuevo Apolo en la Plaza de Tirso de Molina, con sus variados musicales en cartelera. Más alejada, deslumbra cada día La Casa Encendida, en Ronda de Valencia, un lugar para todos donde conviven cultura, medio ambiente, solidaridad y educación, a través de su continua programación con ciclos de cine, teatro, danza y música, exposiciones de arte, etc. Cruzando la calle tenemos el Teatro Circo Price, que desde 1868 al frente de Thomas Price, comenzó a ser uno de los espacios multidisciplinar más conocidos en la escena madrileña. No me olvido, por supuesto, de mis vecinos de la Tabacalera, en Embajadores, 53, con un sinfín de propuestas y alternativas para su uso y disfrute (mientras les dejen).

Seguiré inspeccionando zonas y salas aún vírgenes y por descubrir. No puedo evitar cerrar con una frase de Arthur Miller, invitándoles a asistir a estos rincones, ya que “El teatro no puede desaparecer, porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”. 

Teatro en blanco y negro

La sala está llena. /Asegúrense de haber desconectado sus teléfonos móviles.
Se ruega silencio. /La función va a comenzar.
Un aplauso y “mucha mierda”. 

 

 


 
 
 
 
 

 


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