Coffee and Cigarettes

El fotógrafo que gira por la Librería-Café Italiana de Malasaña se hará eco de mi sutil mensaje y conservará la servilleta arrugada en el bolsillo del pantalón.

Tan simple como plasmar unos trazos descolocados en una servilleta de papel y dejarla ahí, encima de la mesa de madera del fondo de la librería, en un lugar de la estantería entre los libros de cocina, viajes, diseño, historia, o debajo de la cafetera. No, mejor aún, dentro del coche antiguo. Se dará cuenta. Luego terminará su trabajo, más pronto de lo que pensaba, y saldrá a la calle con la sonrisa confundida y saboreando aún el gusto del buen café; mirando a un lado y a otro, sin recordar muy bien qué tenía que hacer después. Apretará con fuerza el trozo de papel rugoso e, instantes después, lo abrirá con cuidado, se detendrá y se fijará detenidamente en cada letra y número. Seguirá andando, colocándose el bolso en la espalda, con el mensaje de Elena rodando entre las manos y en su memoria.

Hay mínimas cosas que pueden ser un soplo de inesperada felicidad.

Como un buen guión (al puro estilo de Coffee and Cigarettes, pero con mayor intensidad cromática) o simplemente el mejor de los consejos, los desayunos con Manolo dan siempre para mucho; sobre todo cuando las personas implicadas son apasionadas de estas historias “incompletas” pero con un gran final, que permiten seguir uniendo vidas afines e ir haciendo un mosaico de situaciones enlazadas, siempre al servicio de la imaginación.

Y es que somos así, disfrutamos de los momentos –aquellos que atrapan y van más allá de la vista– y los coloreamos todavía más.

Fin de la historia (…o no).

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3 comentarios en “Coffee and Cigarettes

  1. Modos de Ver

    Entre las miles de miradas que nos cruzamos cada día, con las personas que nos rodean, hay algunas que tienen un argumento nada banal.

    Y es que hay un gran abanico de miradas de todo tipo, amables, sesgadas, irónicas, cómplices, asombradas, vacías, luminosas, de apoyo, incrédulas…muchas veces asociadas a hechos o cosas de las más variadas dentro de ese gran abanico que es la vida.

    Es cierto que los momentos en que se producen estos “modos de ver” condicionan nuestra mirada. También la luz, interior y exterior, del instante tiene mucho que ver en la apreciación de ese momento casi mágico, en un mundo tan individualizado, en que dos miradas se cruzan y expresan cualquier tipo de sentimiento. ¿Quién no ha entendido un mensaje tras mirar a otra persona?

    Dicen que hay personas que tienen “muy buen ojo” para las cosas, también hay otros, que “no quieren ver” como si quisieran evitar lo inevitable. Y trabajamos entre colegas que tienen profesiones en el que “la buena vista” es fundamental para desarrollar su profesión.

    Iván era un buen fotógrafo, aunque en realidad su verdadera profesión era la arquitectura, pero las circunstancias actuales le habían empujado hacia el mundo de la fotografía que siempre le había apasionado. Ahora colaboraba con algunas revistas de tendencias que le encargaban sus reportajes, pues todos coincidían que tenía “un ojo de lince” para captar detalles que el resto no podían ni siquiera imaginar.

    Entre estos trabajos, había uno que le gustaba de sobremanera, pues tenía que ver con la arquitectura, en este caso de interiores y no era otro que el encargo-proyecto en el barrio del Triball de fotografiar los nuevos negocios que estaban emergiendo y dotando de una vitalidad y encanto especial en esa zona.

    Los bares-restaurantes con un toque cultural habían sustituido a los antiguos negocios, ya abandonados, también las tiendas asociadas al mundo de la moda, pero los primeros atrapaban a los vecinos y viandantes por su elegante arquitectura y sobre todo por ser pequeños oasis de tranquilidad y calidad en un barrio, antes deteriorado ahora recuperado.

    En la mañana del martes, tenía que visitar a un café-literario italiano, pues al parecer era lugar de encuentro entre personas amantes de la literatura, la música agradable y…de un café italiano que solo lo saben preparar las personas de este país, en este caso de Cerdeña. Hacía días se acercó para hablar con el dueño y preparar esa jornada y se quedó fascinado por su elegante y sobria arquitectura, sus mesas de madera, su luz, sus estanterías con libros que hablan de Italia, país que siempre le había interesado por su arquitectura, además de otras miles de cosas.

    Salió temprano de casa con su mochila, cámara en ristre y un buen humor que se acrecentaba por un cielo “azzurro” y un sol que iluminaba la ciudad en esas horas de inicio de jornada dónde el tráfago de personas es incesante. Tenía tiempo de sobra, pues en realidad hasta las 11:00 no iniciaría el reportaje, pero a el le gustaba llegar antes para ir preparando mentalmente su trabajo…pensar las tomas, los encuadres, aquellos detalles que el sabía captar. Por ello, llegó a su apertura para concretar con Alessandro, el dueño del café, toda la jornada.

    Había ya una mesa, junto al ventanal, ocupada por dos hombres que charlaban calladamente de sus cosas, cuando irrumpieron en el local un hombre mayor y una joven mujer, debía ser su hija o sobrina, que acapararon su “atención”…bueno, en realidad, Iván solo tuvo “ojos” para ella. Era bellísima, parecía muy feliz y emanaba un aroma de confianza y seguridad en sí misma apabullante.

    Se sentaron a desayunar en la parte superior, sobre la mesa de lectura. Tenían una conversación animada, sobre todo por parte del padre o tío pues parecería que hacía tiempo no veía a la joven.

    A partir de que ella le mirara varias veces, con bastante interés y sus miradas se cruzarán Iván comenzó a azararse. Todo su esquema de trabajo se tambaleó. Comenzó a moverse de un sitio a otro casi sin parar, a ojear libros sin enterarse que estaba mirando,
    a subir las escaleras, a acercarse a la joven, a escuchar que decía…intentando disimular inútilmente, todo hay que decirlo, su nerviosismo a cada mirada de la bella…incluso tropezó dos veces con las mesas peligrando su cámara reflex y su saber profesional.
    De hecho, Alessandro le miró de soslayo como cuestionándose si este fotógrafo, que tanto y bien le habían hablado era la persona justa para hacer este reportaje.

    Se sonrojó, se aturdió, se sobresaltó ante la pícara sonrisa de la joven….ahora se cuestionaba que hacer antes de que se marcharan. Preguntar alguna cosa, hacerse el simpático, entablar una charla…un aluvión de pensamientos ante la persona que lo había envuelto en un sinfín de sentimientos utilizando solo…la mirada azulada y amistosa de sus ojos.

    Se marcharon. Iván se quedó fascinado y enamorado de la joven pero triste, a la vez, al pensar que no se perdonaría en la vida el perder una ocasión tan cercana y veraz para estar junto a la persona que lo había seducido de aquel modo. Estaba a punto de dejar de hacer su trabajo cuando Alessandro le pasó, disimuladamente, una pequeña servilleta con los datos que ella le entregó al pagar la cuenta….a Iván se le iluminó la sonrisa…comenzaba una nueva jornada, a través de una intensa y juvenil mirada.

    Junio 2011

  2. ¡Qué bueno, Elen! Los encuentros no-casuales, la memoria en el otro, el azaroso fluir de los días, la magia de los cotidiano!

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