Sobre el deseo de ilustrar II: Celia Conejero

Retomo un apartado, llamémosle entrevistas a ilustradoras que hay que conocer y dar a conocer. Esta vez nos acercamos al trabajo de Celia Conejero. Talento y talante, así es ella. Ambas cualidades innatas en una persona exigente y perfeccionista; una diseñadora que sufre las consecuencias de un oficio en crecimiento y con tantos adeptos.

Yo lo considero un arte, el de la ilustración, que me apasiona y “envidio” de quienes pueden dedicarse a ello. Dice Brian Reed, escritor americano de cómics y videojuegos: “Everything is designed. Few things are designed well”. En este sentido, Celia confiesa que nunca hay diseños completos y que un diseñador nunca ve acabada su creación. Sus ilustraciones reflejan un síntoma personal, que agudiza en los trazos y las gamas cromáticas, con la capacidad de transmitir historias.

Fiel a este arte, sus ingredientes básicos son un puñado de creatividad e innovación, ser crítica consigo misma, investigar, tener ingenio, introspectiva y equivocarse para aprender. Todo mezclado en una gran cocktailera abre paso a una mente creativa que nunca para de trabajar, que añade cucharadas constantes de pasión y ganas por hacer lo que quiere: diseñar sin límites y poder vivir de ello.

Sin más, os dejo que visitéis su web, Lamuru.es, no sin antes hacer una lectura de esta entrevista a una amiga e ilustradora apasionada. ¡Enhorabuena, Celia!

Lamuru

La ilustración, ¿arte o diseño?
No me gustan estas dos palabras; ninguna de las dos excluye a la otra y su significado es totalmente subjetivo, por lo que no tiene sentido encasillar una profesión en una de las dos disciplinas. La línea que las separa es demasiado ambigua y no creo en el discurso academicista, que nos dicta que arte es aquello que la institución aprueba como tal. En cuanto a la ilustración, diría que es artesanía en la mejor acepción de la palabra. El ilustrador necesita conocer las herramientas del diseño y acudir al arte en busca de inspiración pero, normalmente, la ilustración trabaja con un discurso dado. Esto no quiere decir que el ilustrador trabaje sin pensar o sin plasmar su huella personal, pero lo hace como en otros muchos trabajos que no calificaríamos de artísticos. Cuando la libertad creadora es total y trabajas para algo personal, la artesanía se contagia mucho más que el arte. Por el contrario, cuando te dictan lo que hay que hacer es la ejecución certera lo que cuenta, es decir, el oficio.

¿Qué hay de cierto o de leyenda en el dicho “una imagen vale más que mil palabras”?
Soy incapaz de dar una respuesta precisa porque no lo tengo claro. Me gusta tanto el mundo de la imagen como el de la palabra. Es cierto que nos hemos vuelto tremendamente visuales, descuidando algunos de nuestros sentidos, pero en ilustración imagen y palabra deben complementarse. La imagen no debe limitarse a transcribir las palabras, tiene que aportar algo más al texto o, al menos, aclarar las partes más complicadas e incitar a lectura. Ocurre igual en el cine. Si en una película los personajes no hacen más que contar lo que sienten o piensan y ya vemos en la pantalla, enseguida notamos que es una película mala. Con el álbum o un artículo ilustrado pasa igual. La ilustración tiene que proporcionar una capa más para enriquecer al conjunto.

¿Qué buscas transmitir con tus diseños? ¿En qué o en quién encuentras la inspiración?
En realidad, busco hacer aquello que no me provoca vergüenza mostrar y que hace sonreír a quien lo observa. Busco la inspiración en muchas partes. Estilísticamente, en los ilustradores de los ’40 y ’50, como Jim Flora, Miroslav Sasek o Provensen. Me empapo de todo, me gusta ir a todas las exposiciones que puedo, sin importar el artista o la época. Hay que tener los ojos bien abiertos. En la calle, incluso en casa, recibes continuamente mensajes. Y, por supuesto, en la literatura que es inagotable.

¿Está ya todo inventado en este campo? ¿Las nuevas tecnologías abren nuevas oportunidades para los ilustradores?
Creo que lo esencial está inventado; lo que se incorporan son mejoras, tecnología. Es evidente el avance en la tecnología móvil de última generación, pero la necesidad y búsqueda de comunicación existen desde que el hombre es hombre. Es decir, todo se puede resumir en unos temas universales que remiten la esencia del ser humano. En cuanto a la estética, nos encontramos en un eslabón de la cadena donde tenemos muchos y buenísimos precedentes y, además, la capacidad de acceder a ellos. El comienzo del siglo XX y las vanguardias se consideraban totalmente rompedoras. Sin embargo, también bebían del arte primitivo, de las matemáticas puras, de la Historia del Arte, pero con la mirada del hombre del siglo XX. Hoy ocurre lo mismo, pero con menos pasión que entonces. Las innovaciones tecnológicas han supuesto un salto en lo que a la cadena de producción (del ilustrador) se refiere. Encuentras referencias con un click, puedes difundir tu trabajo más fácilmente, conseguir la opinión de otros al instante y disponer de herramientas que te facilitan parte del trabajo. En este sentido, las tecnologías son fundamentales, pero en esencia el trabajo es el mismo: saber dónde buscar (la red a veces es demasiado inmensa y con mucha “paja”), trabajas en soledad, piensas mil y una vez la composición, los colores, el dibujo… con el mismo miedo que antes, sin saber si gustará o no.

Horarios, manías, costumbres de diseñadora.
He trabajado mucho tiempo en producción y eso se nota. Llevo un horario muy marcial: me levanto todos los días a la misma hora y trabajo como si estuviera en la oficina y no en casa. Y, aunque parezca contradictorio, me da libertad. Con una buena organización puedo compaginar el trabajo con los estudios, el deporte y el ocio.

Un deseo para cerrar esta entrevista.
He dejado todo para dibujar, un sueño que tenía pendiente desde siempre y que por miedos, la dependencia de la vida consumista actual y las propias imposiciones sociales, nunca me atreví a llevar a cabo. Ahora tengo menos cosas materiales, pero estoy inmensamente feliz y orgullosa de lo que hago. Es lo que deseo a todo el mundo. Que miren en su interior y, si no están contentos, intenten arriesgar y hacer lo que realmente desean. Siempre hay tiempo para coger otro camino, aunque provoque vértigo y no sepamos dónde llevará, merece la pena.

Lamuru

MÁS INFO: Lamuru

CONTACTO
celia@pingonoide.com

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Un comentario en “Sobre el deseo de ilustrar II: Celia Conejero

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