Paso del Estrecho (relato corto)

Apoyada contra la ventanilla del autobús me entretenía dibujando monigotes en el cristal empañado por el fuerte aire acondicionado. Fuera el calor de agosto no daba tregua y mi vida se alejaba momentáneamente de mi casa y de mis amigos. Papá había conseguido un trabajo para los meses de verano en la base aérea de Gibraltar, un lugar que nunca ubiqué en el mapa, y un nuevo oficio como conductor de autobuses, lo que nos permitía pasar en pocos minutos de españoles a extranjeros o europeos, entre el paso de la Línea y Reino Unido. Este sería mi trayecto diario durante dos largos meses; el tiempo de ahorrar un poco de dinero y volver a nuestros fatigosos campos de olivos. Yo hacía de copiloto e inventaba cada día diferentes historias según los viajeros que se cruzaban en nuestro camino. Incluso mejoró mi nivel de inglés gracias a las cassettes que papá escuchaba en el coche de camino al trabajo. De vez en cuando, yo misma le corregía, ante su evidente bochorno, que intentaba suavizar con frases estándar con las que lidiaba cuando aquellos guiris acomodados -como llamaba a los okupas de nuestras playas- pedían información más allá de su corto bagaje lingüístico y las habilidades del lenguaje no verbal. El nuestro fue un viaje sin descanso, adelante y atrás en el mapa, como el vaivén de una ola, entre un país y otro (…)

Marrakech

V Premio Concurso de Relato Corto Paso del Estrecho
(fallo del jurado: mayo de 2012)

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