¡HARMONÍZATE SI PUEDES!

(Publicado en la revista Madriz. 20 de julio de 2012.UNA ÓPERA QUE SE COME, SE FUMA, SE DEGUSTA HASTA EL ÚLTIMO BOCADO. POR ELENA VELASCO

Ayer estuve entre los asistentes al preestreno de la dulce y nutritiva Harmonía, la renombrada ópera comestible sita en Matadero Madrid por poco tiempo. Yo era una más entre los que ocupaban un asiento de forma individual –y, pocas veces, de manera tan privilegiada– para degustar un menú tan suculento y novedoso, servido por Espada y Monleón.

HARMONÍA

Vine a probar cosas nuevas, evidentemente, y a contároslo. Aunque, más que inaugurarlo, el espectáculo parecía totalmente coronado. Y es que la Nave 16 de Matadero se enfundaba poco a poco de concordia, a tenor de los hechos. Con la mesa puesta y una más que evidente armonía visual de la sala y escenarios dispersos, se fusionaba gradualmente un público puntual y expectante, envuelto en un humo en erupción y hambriento de contenido, sinónimo de caras atiborradas de bombas informativas, deseosas de desconectar y ser sorprendidas entre las paredes del Centro de Arte.

En el burladero –o entre bastidores– un nutrido grupo de actores, expertos en materia y artistas multidisciplinares, no menos insaciables, calentaban fogones (voces y alma) y se percibía en el ambiente un apetito generalizado entre los allí convocados, inmersos en la lectura previa del menú obsequiado. Algo diferente iba a ocurrir. Y cuatro actos abrían esta ópera dulce y aromática abierta a todos los sentidos. En un primer pase las sensaciones irrumpen en escena, la ópera invade la oscuridad y empezamos a saborear un cigarrito de jazmín, mientras la obra se desarrolla en 360 grados en torno a sus espectadores. Un pueblo, Harmonía, abatido físicamente, intenta alejarse de los estándares en alimentación; y, para ello, nos adentramos en la praxis de probar lo que nos sea servido, coloridos confetis comestibles, y pasar a grutas de azúcar, obviando lo que sucede a nuestro alrededor.

Experimentación para los sentidos y placer para las papilas gustativas. Una degustación que alterna voces y movimiento en un espacio escénico que, a los treinta minutos de su apertura, y entrados en el segundo acto, ya es compartido y avanza de acuerdo a los estereotipos impuestos. El ritmo se intensifica minutos después y el tercer y cuarto acto concentran una práctica evasiva de danza, voces, performance y silencios interrumpidos con el vibrar del agua golpeando el vaso que endulza más la melodía y continuos efectos visuales. El pueblo se rebela contra la tiranía y se desata el revuelo hasta el último de los placeres.

Con el objetivo último de evidenciar el regustillo de la reflexión, abandonamos lentamente la sala con buen sabor de boca dentro de un ambiente placentero cargado de sahumerio de romero. Contundente menú para una tarde calurosa de jueves, estado de conformidad y aplausos prolongados al exquisito elenco de actores y actrices, bailarines, cantantes y artistas.

Cocinar con éxito tiene un precio: la satisfacción y recuerdo de los invitados. Y, como insistir no está de más, hoy y mañana únicas funciones en Matadero. ¡Una más de Harmonía, por favor!

La que esto escribe: una cliente satisfecha.

Publicado en la revista Madriz. 20 de julio de 2012.

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