Slow Fashion vs Fast Fashion

Haz un alto en el camino. Vacía tu armario y, ahora, ante esa maraña de tejidos, que no son más que la historia de uno mismo, párate a pensar cuál es la vida útil de esas prendas. ¿Los años que pasan por ellas o el número de veces que las hemos usado? Analicemos su comportamiento.

Estamos ante una moda sin prisa, o eso parece. Dirigida a los que quieren vivir despacio, ella no tiene miedo a avanzar y evoluciona a ser cada vez más atemporal y perenne. Conservar y compartir es el leit motiv de la nueva Moda imperante, una antítesis de lo que fue entonces. ¡Fuera derroche y desenfreno consumista!

Dotar a las prendas de usos renovados, en lugar de desecharlas a la primera de cambio, porque nos hemos olvidado de su existencia, nos aburren o no nos sirven; reinventarlas creativamente, porque serán el nuevo must have dominante; combinarlas más y mejor; intercambiarlas con nuestros amigos, regalarlas y concederles el testigo de generaciones posteriores. Eso sí, sin renunciar a nuestro estilo, al buen gusto reinante ni al placer de ir siempre bien vestidos. Menos cantidad y más calidad equivalen a mayor durabilidad. Preservar y respetar las tradiciones y materiales locales y hacer un consumo responsable son la panacea para que estas prendas perduren.

Contagiarnos de un ritmo más lento -en cuanto a consumo y formas de vida-, nos hará mejores personas por dentro y por fuera. Gasta Slow Fashion; practica moda lenta.

Soho LondonLondres, verano de 2011

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